lunes, noviembre 12, 2007

El despacho como metafora.

Ayer leí un artículo sobre el nuevo despacho de Gallardón, el alcalde de Madrid. 78 metros cuadrados de parqué de arce, blancas paredes y obras de arte. Por otro lado el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, trabaja en una gran sala sin paredes en la que ha puesto su pupitre y se ha rodeado de sus 85 colaboradores más directos, todos juntos, codo con codo.

Como dice el artículo, vamos 10 años por detrás de otros países.
En España un buen despacho es símbolo de poder, como el coche o la casa. Y si tiene paredes y puertas permanentemente cerradas mejor qué mejor: la información también es poder y si no tienes secretos valiosos al menos que parezca que los tienes. No importa que la imagen que se transmita sea el de una empresa alejada de la modernidad, cerrada, ajena al cliente, lo que importa es marcar el status y el territorio, como meada de perro.
En una época como esta, cuando por mucho que nos neguemos, nuestras empresas y hoteles están exhibidos en internet y donde las nuevas formas de gestión favorecen la transparencia, perece un contrasentido que los jefes quieran separarse así de sus empleados.
Esto es propio de empresas verticales, con una comunicación meramente vertical-descendente, donde la libertad permitida es la positiva (que no siempre es la buena) y donde los distintos niveles están separados por barreras psicológicas que se refuerzan constantemente.
Por otro lado, las empresas abiertas a sus trabajadores no usan paredes, la información fluye y la inteligencia es colectiva. Son empresas sin barreras, en las que se permite la libertad negativa del trabajador.
Como dice Don Tapscot (recogido por Julen):
La transparencia, la apertura en una empresa, tiene que ser total. Las verdades a medias son las peores mentiras. Sólo con la transparencia ganas credibilidad. Es una apuesta a largo plazo.
(...) A veces [los empleados] ni siquiera saben qué fabrican ni quién es el cliente. La plantilla de una empresa no tiene que tener una mentalidad física, de hacer cosas, sino una mentalidad de servicio, de hacer algo para alguien. Tienen que entusiasmar a su cliente y hacer todo lo posible para no perderlo. Luego les piden que vayan a trabajar un sábado a la mañana y les llama la atención que la plantilla se niegue. ¡Pero cómo no se va a negar; si no sabe ni de qué va la fiesta!

Pero demos un paso más, ya que quitamos las barreras internas, ¿por qué no quitar también las externas? ¿por qué no derribar las que separan a la empresa de los clientes? Si nuestro cliente es nuestro principal prescriptor démoles información, permitámosle pasear por los entresijos de nuestra empresa-hotel. ¿Cómo? cada uno que encuentre su fórmula. Pero no hablamos sólo de transparencia física, tambien de transparencia mental, de mostrarnos tal y como somos y de abrir nuestros despachos mentales a los clientes. Al fin y al cabo trabajamos juntos y buscamos lo mismo, su felicidad.

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