viernes, noviembre 02, 2007

Vendo trabajo. ¿Quién me lo compra?.

Quien haya seguido este blog sabrá que apostamos por un modelo de gestión de RRHH no suficientemente generalizado pero que ya empieza a ser defendido por otros estamentos y actores de la industria. Este modelo implica apostar por dos instrumentos fundamentales, que después se ha de desarrollar siendo la base de estrategias más complejas, el cliente interno y el employer branding.
Ambos conceptos son, en cierto modo, las dos caras de una misma moneda. El employer branding supone la proyección de la empresa al mercado laboral como producto, concibiendo al trabajador como posible cliente de ese producto que llamamos trabajo. El cliente interno es desarrollar, entre otras cosas, programas de fidelización del trabajador, del mismo modo que hacemos con los clientes del hotel, desarrollando entre otros conceptos el de marca interna.
En esta ocasión nos vamos a centrar en el employer branding y en la proyección del producto-trabajo al exterior. La pregunta más lógica que se hacen todos los empresarios, una vez comprendido el concepto, es ¿cómo lo hago?. Antes de seguir es necesario aclarar que no hay reglas fijas, y que cada hotel tiene sus propias características que lo hacen único. Comercializar el propio producto-trabajo depende de la configuración de éste y de las expectativas que tenga el hotel.
Es necesario por tanto, antes de lanzarse al mercado, definir muy bien el puesto de trabajo y sobre todo identificar los valores que lo harán deseable, y si no tiene crearlos. Hemos de recordar que estamos vendiendo el trabajo que ofrecemos como producto.
Una vez conceptualizado el producto-trabajo conviene estudiar qué estrategias de comercialización seguimos. ¿Seguimos una estrategia push o una pull?.
Si apostamos por la push debemos definir cuales serían los posibles canales de intermediación similares a los que se seguirían en la comercialización de un producto o servicio. Podríamos hablar de asociaciones, sindicatos u otras empresas de intermediación. Si nuestra estrategia es la adecuada y hemos creado una marca potente su difusión tendrá entre estos intermediarios unos colaboradores muy valiosos.
Por el contrario, si apostamos por una estrategia pull sería interesante utilizar medios de difusión más o menos masivos como prensa, radio o internet para que llegue directamente al trabajador sin intermediación. Es necesario entender que con este tipo de estrategias estamos tratando de crear en el trabajador la necesidad de trabajar en nuestro hotel pero esta afirmación ha de ser matizada. No tratamos de crear la necesidad de trabajar, puesto que esta ya existe, sino de trabajar en nuestro hotel y a ese segmento de trabajadores cualificados que luego serán objeto de estrategias de cliente interno.
Entiendo que defender este tipo de estrategias en la comercialización del producto-trabajo tiene sus peligros ya que estas han sido creadas para productos dirigidos al cliente, no al trabajador, sin embargo puede ser interesante su adaptación a estos nuevos objetivos.
Recordemos que para que estos planes funcionen el hotel ha de apostar decididamente por ellos complementándolos con estrategias de fidelización del cliente interno.

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sábado, septiembre 23, 2006

Distintos enfoques para un mismo problema

Leo una interesante entrada en el magnífico blog de Isaac Vidal sobre las distintas formas en las que se puede abordar la necesidad de atraer turistas al destino (también esta entrada es interesante) Se trata en definitiva de vender el producto.
Pero no es lo mismo tratar de influir en la distribución o canal (push) que en el cliente o mercado (pull). Creo que tiene mayores ventajas a largo plazo una estrategia pull, puesto que permite dar el primer paso para conseguir una de mis obsesiones, y que sin duda se leerá mucho en este blog: la fidelización.
Una estrategia pull supone oír al cliente, conocer sus necesidades y tratar de satisfacerlas, dar el primer paso hacia la vinculación con el visitante.
Pero, sin embargo, sería suicida olvidar las actuaciones sobre el canal. Sin una correcta distribución o una relación deficiente con agentes intermediarios sería imposible el éxito de ningún destino turístico.

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